Hace 29 años: cómo la tecnología nos vuelve desagradables

La descortesía va en aumento en los Estados Unidos, y la tecnología de consumo tiene parte de la culpa. Eso puede parecer una dura acusación para creaciones tan aparentemente inocuas como el contestador automático del teléfono, el radiocassette y el chip de computadora parlante en los automóviles. Pero son relativamente baratos de fabricar y se insinúan en todos los rincones de la vida cotidiana. El resultado es una decadencia de la civilización tal como la hemos conocido.





A medida que las máquinas multiplican nuestra capacidad para realizar tareas útiles, aumentan nuestra aptitud para la acción egocéntrica. El comportamiento civilizado se basa en el principio de que un ser humano interactúa con otro, no un ser humano interactuando con una extensión mecánica o electrónica de otra persona.

10 tecnologías innovadoras 2016

Esta historia fue parte de nuestra edición de marzo de 2016

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El simple contestador automático del teléfono puede convertirse en un instrumento diabólico si se usa mal. El filtro de llamadas puede convertirse en el equivalente electrónico de evitar el saludo de tu vecino en la calle: el dueño de la máquina puede usarlo para evitar hablar con nadie excepto con unos pocos elegidos.



Sin embargo, es difícil saber qué permite que las personas sean más groseras: el contestador automático que filtra las llamadas desagradables o el teléfono que permite las intrusiones en todo momento del día y de la noche. A.G. Bell probablemente nunca imaginó vendedores de revestimientos de aluminio, asociaciones de ex alumnos universitarios o amigos enamorados cuando ideó el teléfono.

Los Baby Bells comercializan un servicio que puede hacer que el contestador automático parezca un instrumento de civismo. La 'llamada en espera' es útil para las pequeñas empresas, pero en ciertas manos permite la violación definitiva de la etiqueta telefónica. Un (antiguo) amigo solía charlar alegremente conmigo por teléfono hasta que llegó una segunda llamada de un posible pretendiente. Después de algunas largas esperas, colgaba y volvía a llamar, solo para llegar a su contestador automático.

La tecnología de las computadoras personales ha generado una rudeza vigorosa que sería imposible sin el procesamiento de textos. Érase una vez que la gente se escribía cartas de verdad. Ahora, cada familia con una computadora en casa puede generar su propia carta de vacaciones 'personalizada'. Los practicantes de estas 'artes' las defenderán, sin duda, sobre la base de que algo de comunicación es mejor que nada. Pero, ¿es suficiente la pretensión de una relación personal?



Extraído de ¡Oye tú! ¡Abran paso a mi tecnología! por el escritor independiente David Lyon, en el número de agosto/septiembre de 1987 de Revisión de tecnología.

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